Ya me sé que el mundo está jodido, me sé el cambio climático y la llúvia ácida, me sé los horrores de la industrialización descontrolada y me sé los peligros del capitalismo salvaje.
De hecho, como profesor de instituto, parte de lo que se espera de mí es que les pegue el rollo sobre estos temas a los chavales.
Por eso me da un poco de palo que me peguen el rollo a mí.
Sólo se lo perdono a Miguel Brieva, uno de los pocos comiqueros de los que me he comprado casi todos los libros (excepto este, precisamente).
A Miguel Brieva se le perdona que te coma la cabeza con lo jodido que está todo porque lo hace de una forma muy rara, con viñetas tan hipnóticas como “Teo en la cárcel turca”, “La montaña rusa a medio hacer”, “Collejoterapia” o “Qué pasaría si el fútbol un buen día desapareciese”.
Y luego están los dibujos, que a mí personalmente los dibujos me suelen dar igual, cuando pillo un tebeo lo que quiero son chistes, pero con Brieva, además de chistes raros y moralinas raras, pasa que los dibujos son muy bonitos.
Y Memorias de la Tierra es más de lo mismo: belleza, risas y moralejas, pero con una presentación de lujo, incluso comparada con los ya impecables El otro mundo, Dinero o Enciclopedia Universal Clismón.
El mundo está jodido y en mi casa hacemos todo lo posible para no sentirnos cómplices de ello, pero si nos pilla el apocalipsis queremos que nos pille con un libro así en las manos.
Hasta les dejaría Memorias de la Tierra a mis alumnos, pero me daría miedo que me lo arrugasen o me lo manchasen de nocilla o fluidos corporales.
